Por qué hice Filmina

Soy Igna, estudiante de último año de ingeniería informática en Buenos Aires, Argentina. Filmina la hice yo, y la hice primero para mí.

No empezó siendo un producto. Empezó siendo una herramienta que me hice una noche de cursada, porque tenía un examen encima y no podía con el material.

Lo cuento porque explica casi todo lo que la app hace, y también lo que no hace.

21 de septiembre, 2026·5 min de lectura
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Cien diapositivas y yo

Estaba estudiando de una presentación de más de cien diapositivas. Es el formato en el que llega casi todo lo que vemos en clase: no un libro, no un apunte, una presentación. La abrí una noche, llegué a la veinte y me di cuenta de que hacía rato que no estaba leyendo nada.

Me aburría. Me dormía. Agarraba el teléfono sin haberlo decidido, volvía, buscaba dónde había quedado, releía dos diapositivas para retomar el hilo, y ahí se iban diez minutos más. No era que el tema fuera difícil: era que no la terminaba nunca.

Lo raro es que esa misma presentación, en clase, dura dos horas y se pasa volando. La diferencia no está en el contenido. Está en que en clase hay alguien hablando.

Primero la busqué

Antes de escribir una línea de código busqué si ya existía. Lo que quería era muy concreto: tengo un examen, tengo el material que vemos en clase (diapositivas, casi siempre), y quiero aprendérmelo. Encontré dos familias de herramientas, y ninguna hacía eso.

Los lectores en voz alta. Probé Speechify, que es el que aparece primero cuando uno busca. Hace muy bien lo que se propone hacer, que es convertir texto en audio. Pero una diapositiva leída en voz alta sigue siendo una diapositiva: tres viñetas de seis palabras, escritas como recordatorio por alguien que ya sabía la respuesta, para alguien que estaba ahí escuchando. Oírlas no trae lo que falta, porque lo que falta no está escrito.

Los modelos de lenguaje. Le pegas el PDF a cualquiera y te lo interpreta, y lo hace bien. El problema apareció cuando quise estudiar de eso: el resumen que devuelven nunca está completo. Omiten. Eligen tres ideas, te las cuentan bárbaro y dejan media presentación afuera, y desde donde estás tú no hay manera de saber qué quedó afuera. Sirven para preguntar, que es lo otro que hacen bien, y ahí siguen siendo lo mejor que hay. Pero para preguntar hace falta saber qué no entendiste, y a la diapositiva 12 yo todavía no la había mirado lo suficiente ni para eso. Ninguno te explica el material a medida que lo vas viendo.

No me faltaba un resumen de la presentación. Me faltaba que alguien me la diera.

Volver a tener la clase

Dicho así quedó claro qué había que construir. Filmina es la clase otra vez: la diapositiva adelante, una voz que la explica entera y en orden, y un marco que te va diciendo de qué parte está hablando.

Con una diferencia que conviene decir en voz alta: no están los ejemplos ni las experiencias que el profesor trae de su propia vida. Eso es lo mejor de estar en el aula y no lo reemplaza nada. Pero cuando falta una semana para el examen, lo que necesito es aprenderme el material y entender los conceptos, y eso sí se puede volver a tener a la una de la mañana, con el archivo que subieron al campus.

En mi facultad las clases se graban, así que durante un tiempo hice eso: volver a verlas. Sirve, y es lo único que devuelve esos ejemplos. Lo que cuesta es tiempo. Cada clase es un mp4 de cuatro horas, y adentro de esas cuatro horas hay silencios, minutos muertos, la pregunta de alguien que llegó tarde y comentarios que no hacen falta para entender el concepto. Mirar las cuatro para rescatar cuarenta minutos, a una semana del examen, no me daba el tiempo.

Filmina hace ese mismo trabajo sin el relleno: el material explicado en voz alta otra vez, en una fracción del tiempo. Es, de todo lo que hace, lo que más me cambió el día a día.

La otra vuelta de rosca: sin créditos

Hay algo más que quise cambiar, y no es sobre cómo se estudia sino sobre cómo se paga. Casi todas las apps de estudio funcionan igual: te venden créditos de IA. Subes un PDF y se te descuenta, preguntas algo y se te descuenta, y el mes que viene, si te sirvió, pagas de nuevo.

Como estudiante sé lo difícil que es eso. Al principio no tienes plata, y si trabajas tampoco quieres que se te vaya en suscripciones de IA, que además nunca son una sola: el chat por un lado, el resumidor por otro, el lector por otro. Justo cuando más falta te hace la herramienta es cuando menos puedes pagarla.

Por eso Filmina es una app de Mac y el modelo corre en tu propia máquina. No hay créditos ni tokens que gastar: no se te acaban a mitad de la presentación, no hay un contador mirándote mientras estudias, y usarla la noche entera antes del examen cuesta lo mismo que usarla diez minutos. El programa se paga una sola vez y listo.

Lo que quedó de aquella noche

La primera versión era para mí solo y se notaba. Pero terminé esa presentación, y la siguiente, y las de la materia que vino después. Todo lo que la app tiene hoy salió de ahí, de arreglar una por una las cosas que me molestaban usándola de verdad para estudiar:

No sé si te va a servir a ti. Sé que la hice porque me hacía falta, que la usé para mis propios exámenes antes de que fuera algo que se vende, y que la sigo usando cada vez que tengo que estudiar. Es lo más honesto que te puedo ofrecer.

Hoy es 21 de septiembre y esto lo escribe un estudiante, para otros estudiantes. Feliz día del estudiante.

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Arrastra ese PDF que tienes pendiente y escucha cómo te lo explica. En treinta segundos sabes si te sirve.

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