La pregunta del final
Escuchar una clase entera da la sensación de haberla entendido, y lo único que distingue entenderla de haberla escuchado es intentar recuperarla sin mirar. Así que al terminar la diapositiva, antes de pasar a la siguiente, el profesor pregunta una cosa.
No es un examen y no lleva puntaje. Se puede apagar desde los ajustes, y si la pregunta todavía no está generada la diapositiva termina como terminaría sin ellas: nunca se te hace esperar por una.
Cuatro maneras, y se turnan
Elegir entre cuatro opciones es reconocer; completar el hueco es producir la palabra; contestar la abierta es decirlo entero; explicarla en voz alta es darla de nuevo. Una sola de las cuatro, durante cuarenta láminas, sería siempre el mismo ejercicio.
- Opción múltiple. Cuatro opciones, y las que no van son las confusiones típicas del tema, no absurdos que se descartan de un vistazo.
- Completar el hueco. Falta una palabra en una frase y la escribes. Escribirla es bastante más que reconocerla entre cuatro.
- La pregunta abierta. Se contesta de memoria y en palabras. No la corrige nadie: ves la respuesta y dices si la tenías o no.
- Explicarlo en voz alta. Cada cuatro diapositivas, y solo si bajaste el modelo que escucha.
Las otras tres se reparten con el número de página, y la de hablar cae cada cuatro justamente para que no se coma siempre la misma clase de lámina: cada doce diapositivas, las cuatro maneras tocan tres veces cada una.
Contarla con tus palabras
Hablas treinta segundos y te dice qué ideas cubriste y cuáles no: «explicaste 3 de 5 ideas», más dos frases con lo que se te quedó afuera. Ni nota ni puntaje: lo único que hace falta saber es de qué no dijiste nada.
Lo que dices se transcribe en tu Mac, con el modelo que bajaste para eso, y se compara contra las ideas del guion, no contra las palabras de la lámina. Explicar bien es no repetir: si la idea habla del acoplamiento y dices «cuánto depende un módulo de otro», esa idea está explicada. Contar palabras iguales la daría por perdida.
Nombrar no es explicar: decir el término sin decir qué significa no cuenta. Y ante la duda no se cuenta a favor, porque que te sobre una idea por repasar no es grave y que te digan que explicaste algo que no explicaste, sí.
Una pregunta que no pasa el control no se muestra
La pregunta se hace sobre lo que se explicó y la respuesta tiene que estar en la lámina. Las dos condiciones están en el pedido al modelo, pero ninguna se da por cumplida: lo que vuelve se revisa por código y una pregunta que no pasa el control se descarta en silencio.
Mejor no preguntar que preguntar cualquier cosa: una respuesta inventada que el alumno se lleva puesta es peor que no haberle preguntado nada.
Con la respuesta delante, contestar es leer
Mientras la pregunta está en pantalla el guion se va y la lámina se desenfoca. Las dos vuelven al ver la respuesta, y la lámina vuelve con el marco puesto donde esa respuesta vive, que es lo que convierte un «no la tenía» en un «estaba acá».
Lo que fallaste queda anotado
Fallar la pregunta marca esa parte de la lámina como no entendida, en la misma lista en la que caen las que marcas a mano desde el guion. No hay dos listas -«lo que marqué» y «lo que fallé»- porque a la hora de volver no se busca por cómo se marcó, se busca por lo que falta entender.
Desde la portada del documento se vuelve a la primera lámina marcada.